domingo, 4 de agosto de 2013

Ciudad de los Incas


Después de varios años de promesas por fin he podido llevar a mi Alber al Cusco y que conociera el origen de la milenaria cultura inca...Cusco se encuentra a 3.399 metros sobre el nivel del mar y es una de la ciudades más bonitas del Perú junto con Arequipa, en sus calles se respira historia y sabiduría popular, indigenismo y mucho colorido que ilumina el espíritu.



Además de los más de los 5.000 lugares incaicos para conocer y maravillarse, hablar con los cusqueños es un placer, se trata de gente amable, muy educada y servicial, que encajan perfectamente en el ensamblaje turístico de la ciudad de los incas. La gente del lugar sabe que el turismo es la base fundamental de su economía y muy pocas veces intentan engañar o estafar a los visitantes, al contrario, son los mismos cusqueños quienes aconsejan a qué lugares ir, dónde está la mejor comida y más barata y cómo movilizarse por la ciudad. En definitiva, visitar la ciudad imperial es un placer en todos los sentidos...


No sólo se puede conocer parte de la historia del continente americano, especialmente Sudamérica, sino que también es posible comprar productos de gran calidad como las camisetas de algodón (materia prima extraída por los norteamericanos para realizar su famosas camisetas de marca), o jerseys de alpaca (un auquénido andino que en su pelaje contiene la famosa lanolina que protege del frío), hasta pequeños artículos útiles para el viaje y el recuerdo como bolsos, monederos, calcetines, gorros, etc..., además de llevar en la memoria y el paladar la riquísima comida andina, sana y natural.
Para los que ya habéis visitado la Ciudad de los Incas, podréis coincidir conmigo que también ofrece una energía positiva, una energía que emerge de la pachamama  (del aimara y quechua pacha: tierra y también "mundo", "cosmos o madre, es decir Madre Tierra.

lunes, 22 de julio de 2013

Perú, una explosión de sabores



Generalmente cuando una persona viaja a Sudamérica y está abierta a probar nuevos sabores descubre que la cocina de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia o Brasil, por mencionar algunos, es deliciosa, se trata de una mezcla exótica de sabores y colores que deleitan el paladar…, pero hoy quiero hablar de la comida del Perú porque el placer de comer se multiplica por dos o tres ya que la cocina peruana es una maravillosa mezcla de indigenismo, mestizaje e inmigración. Hay un dicho peruano que dice: “el que no tiene de inga tiene de mandiga” en alusión a la mezcla de razas que hay en este país y con ello también la combinación de sabores.
Arroz con pollo

La conocida como comida criolla (mezcla de productos indígenas con cocina española y comida de los esclavos negros) es una de las más sabrosas que he probado en mi vida y he tenido la suerte de comer en muy buenos lugares de España, Europa y África; no en vano el cocinero peruano Gastón Acurio ha sido triunfador en los últimos años en el famoso encuentro “Madrid Fusión”, donde participan  chefs de todas partes del mundo.
Lomo saltado

Aunque en realidad lo que quiero resaltar en esta ocasión, no es la alta Cuisine peruana, ya que no necesita apoyos extras, sino más bien deseo abrir vuestro apetito con los cientos de miles de cocineros y cocineras anónimos que hay en el Perú profundo, esos que trabajan en pequeños restaurantes sin nombres famosos, o las manos color ocre de las peruanas que cocinan en sus puestos ambulantes en las calles de este maravilloso país indígena…

Tengo la suerte de que mi Alber lo prueba todo, incluso ha comido en los llamados “agachaditos” de Quito Ecuador, en la “vivanderas” que se refugian en los algarrobos de Piura (Perú) o los puestos de completo (especie de hot dog a la chilena) de las calles de Iquique, en ninguno de estos sitios se ha enfermado y por el contrario, ha disfrutado de un suculento plato… Descubrir un país no sólo implica comer en los mejores restaurantes como los de Martín Berasategui o Karlos Arguiñano (España) o Astrid y Gastón en (Perú), sino también descubrir que en la humildad de un puesto ambulante se esconde un gran cocinero, no puedo decir a qué se debe pero quizás sea la gran calidad de productos naturales que ofrece este país, ya que dicen que si la materia prima es buena, lo demás es más fácil.

Cuy chactado



anticuchos
Os invito a descubrir el Perú profundo y comer en la Plaza  de San Francisco del Cusco un cuy chactado (conejillo de indias) u olluquito con charqui (cubértulo andino con carne seca de alpaca), un rocoto relleno en Arequipa o tamales y anticuchos (brochetas) elaboradas por manos negras en Lima…, y para acompañar estos platos siempre hay bebidas mucho más sanas que las marcas americanas como: chicha morada, hecha a base de maíz con un color especial, zumo natural de maracuyá (conocida en Europa como la fruta de la pasión) o una simple limonada, y si es invierno y estas en Perú, hay que probar el llamado “emoliente” una bebida caliente a base de hierbas naturales altamente diurética que, se dice, puede ayudar a curar afecciones urinarias.

Mención especial tienen las tartas en Perú, que maravilla!... las hay de todos los gustos y colores y lo que es mejor, a base de ingredientes frescos y naturales. En definitiva, el Perú es una explosión
Variedad de tartas hechas con frutas naturales
de sabores, olores y colores que no se pueden perder si visitan esta parte del mundo.


lunes, 15 de julio de 2013

Curiosidades del Perú



Llevo mucho tiempo sin escribir porque he estado viajando entre Perú y Chile y no he tenido la ocasión de hacerlo, esto del turismo cultural es muy cansado pero vale la pena porque es enriquecedor al cien por ciento.
Ahora mismo me encuentro en el sur del Perú, en una ciudad llamada Tacna, el lugar donde todo empezó para nuestra familia porque aquí es donde mis padres se conocieron hace casi 40 años, y ahora en el ocaso de la vida laboral de mí padre está dando sus últimos coletazos antes de empezar la etapa de la jubilación…
Tengo tantas cosas en la cabeza y tanta información que procesar y, aunque en un principio quería contar estas historias de forma ordenada, voy a empezar por el final… Esta tarde he salido a pasear por Tacna, se trata de una ciudad muy singular ya que al ser fronteriza, cuando vas por la calle se escuchan varios acentos e incluso dialectos porque transitan peruanos y chilenos, los que más, aunque también hay bolivianos y muchos indígenas con lo cual el suave tintineo del quechua y el aymara (lenguas nativas) también se aprecian por doquier. Tacna vive principalmente del comercio y del dinero que dejan los turistas chilenos que vienen por diversos motivos: desde visitar al dentista, comprar en el supermercado, comprar ropa y joyas de plata o simplemente pasar un fin de semana de fiesta, buena comida y todo muy barato ya que el peso chileno está mucho mejor situado que el sol peruano.


Esta es una ciudad de olores..., al caminar por el mercado andino donde las frutas tropicales son hermosas en sus formas pero sobre todo muy sabrosas, el sentido del olfato se agudiza; allí mismo se puede sentir el olor de la sangre de los animales recién muertos y colgados para la venta, especialmente los pollos o descubrir perfumes indígenas como la Kiwicha, la Quínoa, o Cañihua, quizás desconocidas para los turistas pero bien utilizadas por la NASA en las barritas alimenticias que dan a los astronautas cuando están en órbita. Todos estos olores mezclados pueden parecer desagradables, pero no es así, en mi caso me transportan a la niñez, ya que tuve la suerte de vivir dos años en la serranía del Perú (Puno). Además, estos olores son aderezados por las mamachas (mujer andina, sea peruana o boliviana) que con sus polleras (vestidos de varios colores), sus largas trenzas y sus enormes sonrisas, iluminan este tipo de mercados y destacan por su amabilidad y trato al cliente.

Otro punto que me ha llamado mucho la atención en Tacna es el patriotismo que tienen los tacneños, quizás porque saben que “es su deber hacer patria” en el último bastión del Perú por el sur; todos los domingos hay desfiles militares y civiles donde las Fuerzas Armadas y los escolares de primaria y secundaria marchan solemnemente por las calles de la ciudad, especialmente en el mes de julio, denominado “mes de la patria”.



Por último y no menos sorprendente para mi, han sido mis paseos por la zona comercial de Tacna, ya que cuenta con un sin número de galerías tipo mercadillos, donde se puede encontrar de todo a nivel textil, pero sobre todo, tengo que destacar que los tacneños tienen un máster en imitación de marcas, es increíble porque Alber y yo no hemos podido diferenciar una camiseta de imitación con una original de, por ejemplo la marca Nike. Le compramos a un amigo la última camiseta del Real Madrid y os puedo asegurar que no hay diferencia alguna, incluso en los sellos de agua y tan sólo por 25 soles, no sin antes “regatear” (to haggle). Pero definitivamente la mayor sorpresa me la he llevado con los maniquíes de las tiendas, todos los destinados a ropa de mujer tienen un culo extremadamente respingón, lo cual me lleva a la conclusión de que los peruanos están obsesionados con el culo de las mujeres, de hecho sólo venden pantalones “push up” y es una teoría que puedo contrastar con la gran mayoría de hombres sudamericanos que he conocido, ya que siempre hablan del culo de las mujeres. Aunque las peruanas también tienen los suyo porque ahora los maniquíes de hombres están decorados con una gran sorpresa entre las piernas y a las fotos me remito.

En definitiva, Tacna es un pequeño ejemplo del Perú y sus curiosidades.

viernes, 21 de junio de 2013

Anécdotas de viaje

Llego varias semanas sin escribir porque estuve preparando un viaje..., con todo lo que ello implica, desde los nervios que siempre tengo antes de iniciar una nueva aventura, aunque sea corta, hasta los preparativos relacionados con las maletas y lo que hay que llevar al lugar de destino.
Alber y yo somos viajeros incansables, de hecho, si tuviéramos dinero de sobra lo gastaríamos siempre en viajes. Tenemos un mapa donde vamos indicando los lugares que hemos visitado y a los que queremos llegar más tarde o más temprano..., y como buenos viajeros siempre hay anécdotas que contar o por lo menos a nosotros siempre nos pasa algo.


En esta ocasión hemos viajado a Sudamérica, por quinta vez, aprovechando que mi familia está desperdigada entre Chile y Perú. Buscamos durante un mes una buena oferta hasta que encontramos un billete Madrid-Lima-Tacna a buen precio...Después de un vuelo de 11 horas, cansado y tedioso, desembarcamos en el aeropuerto de Lima (Perú) y por razones que no entiendo, el sistema no es a través de un trasbordo, sino que tenemos que recoger nuestras maletas, abandonar la zona internacional, prácticamente salir del aeropuerto para entrar nuevamente al área de vuelos nacionales, hasta allí todo bien, pero cuando estábamos intentando acceder al counter de Lan (aerolínea para el vuelo nacional) Alber me comentó que no podíamos pasar porque había una amenaza de bomba, mi primera reacción fue acercarme a mirar qué pasaba con el consiguiente enfado y nerviosismo de mi marido, después pensamos en ponernos detrás de una gran columna mientras veíamos pasar a la policía, perros especializados y agentes de Interpol. Alber prefería salir fuera del aeropuerto y mientras estábamos discutiendo qué hacer un hombre fue capturado y esposado, al rato todo volvió a la normalidad, bueno en realidad nosotros, porque al parecer los peruanos no se habían alterado en lo más mínimo. Más tarde me contaron con total normalidad que llevaban dos días realizando operativos especiales por amenaza de bomba a la misma aerolínea y me lo dijeron como quien ve llover.
Pero nuestra aventura aérea no quedó en ese susto, sino que cuando por fin nos sentíamos tranquilos y nos montamos en el avión del vuelo nacional, nos informan que no podíamos despegar porque había un fallo en el sistema de comunicaciones del avión, así que subieron unos ingenieros que tardaron una hora en arreglar el desperfecto. Alber y yo lamentablemente recordamos el accidente de Barajas, así que la espera se hizo eterna y ni qué decir del despegue y aterrizaje.

Ya llevamos una semana entre Perú y Chile, tranquilos, contentos y disfrutando de la familia, amigos y la buena comida que hay en estas tierras..., pronto iremos a Macchu Picchu y el inicio de nuestra aventura se habrá convertido en una anécdota más de nuestros viajes.

miércoles, 5 de junio de 2013

Viaje con el Imserso

Hace unos días nos fuimos de vacaciones familiares, las primeras desde que estoy casada, la verdad es que el experimento salió muy bien contra todo pronóstico. Tengo que reconocer que disfruté con mis cuñadas y mis suegros, pero no es de eso de lo que quería hablar.
Resulta que el viaje era organizado por la UCE (Unión de Consumidores de España), salimos desde Albacete en un autobús con destino al Algarve (Portugal). La primera sorpresa de nuestro viaje fue  cuando llegamos a la punta del parque, lugar elegido por la agencia de viajes para recogernos a todos, el 95% de los participantes eran personas mayores de 60 años, es decir, que nos encontramos con uno de esos viajes del Imserso (Instituto de Mayores y Servicios Sociales). La verdad es que tengo que aceptar que la experiencia me gustó porque pude probar en primera persona cómo son estos viajes.
En primer lugar se hizo pesado porque tardamos 12 horas para llegar a destino, cuando Alber y yo, en nuestro coche lo podríamos haber hecho en ocho o nueve como mucho, pero claro, el autobús tenía que parar para el descanso del chófer y sobre todo, para mantener a raya la incontinencia urinaria típica de la edad. Ya en el hotel, donde teníamos pensión completa, pude apreciar otra característica de este tipo de viajes, todo nuestro grupo, que éramos más de 30 personas estábamos puntuales a la hora de la comida, no vaya a ser que nos quedemos sin comer; a veces habían personas que estaban esperando incluso antes de que abrieran las puertas del comedor, nuevamente, preocupados por no quedarse sin comida. Y al cabo de unos días, no podía faltar la típica discusión de "este es mi sitio" cuándo alguien llegó más temprano y se sentó en una mesa x.
Casi todas las excursiones que realizamos por Faro, Sagres, Siles, Albufeira, etc. (distintos pueblos del Algarve portugués) los hacíamos a cámara lenta, hay que entender que las personas mayores necesitan su tiempo y espacio para las visitas. Pero bueno, tengo también que reconocer que la gran mayoría era gente muy amable y simpática, lo cual no hacía tan pesada la espera entre visita y visita. Lo que no voy a perdonar es la música del autobús, la cuál disfrutaban casi todos (menos Alber y yo y unos pocos), pero sobre todo, el colofón fue la película de Fernando Esteso, eso fue demasiado y ver a mi Alber primero enfadado y luego riendo con la misma, fue lo peor!!!
 
 
Durante todo el viaje estuve pensando si yo sería así se mayor, no tiene nada de malo claro está, pero aparte de la prevista incontinencia, preferiría ser una persona de 60 o 65 años más activa y con mucha energía aún para hacer cosas. Tengo de ejemplo a mi querida Iben Lynge (mi mamá danesa) que tiene 75 años y una energía increíble; cada vez que viene a visitarme me agota y no exagero.
Los nórdicos son personas con mucha vitalidad, lo he vivido en persona en mis tres años en Dinamarca y visitando Suecia y Noruega. Y aunque Iben me cuenta que también pasó hambre durante la guerra, yo los he visto llenos de fortaleza, todos usan sus bicicletas sin importar la edad (he visto gente de más de 80 años usando sus bicicletas con una agilidad increíble), les gusta la jardinería y las largas caminatas al aire libre y ni que decir del bricolage, donde son unos verdaderos expertos.
Mi Iben, con 75 años, sigue esquiando, viajando y lo más sorprendente, siendo voluntaria en las montañas de Noruega donde va desde hace 30 años a pintar las señales que sirven de guía a los senderistas (trekking). Así es como me quiero ver a su edad, llena de vida, vitalidad y ganas de seguir haciendo cosas. Pero no creáis que mi mamá danesa no tiene males y enfermedades típicas de su edad, claro que sí, pero como vikinga que es, se las echa a la espalda y sigue su camino.
 
Tengo que reconocer que los viajes del Imserso no están del todo mal, quizás haga alguno cuando sea mayor, porque no, pero si puedo seguiré dando guerra al puro estilo Karin.

sábado, 25 de mayo de 2013

Paradoja deportiva

La última vez que estuve en el médico me dijo que caminar rápido y sobre todo al aire libre activa unas hormonas que producen euforia, me gustó la idea y quizás por eso cogí con más gusto la rutina de caminar 10 kilómetros al día, siempre acompañada de mis cascos de música y mi Tristán (mi hijo de cuatro patas). Todo ha ido muy bien, estoy bajando de peso, me siento mejor anímicamente y la tristeza y apatía que me acompañan desde el  fatídico 11 de enero de este año están menos apegados a mí. Pero lo paradójico de este tema es que siempre había oído que el deporte es muy bueno para la mente y el cuerpo, pero claro, será para una persona normal porque cuando se trata de mí: nerviosa y dada a los extremos, la cosa cambia.


                               




Resulta que el pasado martes en vez de ir andando, aproveché a acompañar a Alber (él compite en carreras populares y medias matarones). Nos fuimos a la via verde, una zona al lado de un canal que está habilitada para deportistas, y muy animada empecé con mi bicicleta, iba pedaleando y disfrutando del paisaje y las decenas de conejos silvestres que aparecían por la zona; cuando me di cuenta, se había hecho tarde, así que los últimos ocho kilómetros fueron a "full speed". Llegué a casa sudando como un pollo e inmediatamente bajé al parque a Tristán, ya que el pobre no nos había acompañado a esta aventura deportiva. Hasta allí todo muy bien..., pero a la mañana siente cuando me levanté tenía todo el cuerpo lleno de granos rojos, con lo hipocondriaca que soy, me puse nerviosa, me faltó el aire y tuve que usar mi inhalador. "Alber, Alber, corre, mira lo que tengo en el cuerpo". Hay que decir que mi marido es igual que hipocrondiaco que yo así que entre los dos pensamos que me había dado sarampión o algo así y nos fuimos al hospital de prisa. Después de tres horas en la sala de urgencias, la doctora me dijo que no sabía lo que tenía, que volviera por la tarde para que me viera el dermatólogo. Así, más nerviosa todavía, regresé por la tarde y mi sorpresa fue la siguiente, diagnóstico: "Urticaria colinérgica, tras haber realizado un esfuerzo deportivo mayor de lo normal con sudoración excesiva". Pensé que la doctora estaba de broma, pero no fue así, para que luego digan que el deporte es sano. La parte anecdótica fue que el médico me pidió permiso para hacerme fotos en las piernas y el resto del cuerpo para después enseñárselas a sus alumnos residentes.
                                   


Así me fui a casa con varias recetas y la prohibición de practicar deporte en una semana. Si es que lo que no me pasa a mí, no le pasa a nadie. Lo peor de todo han sido los malditos picores, lo poco sexy que estoy llena de granos, pero sobre todo, el no poder salir a andar mis 10 kilómetros diarios. Paradoja deportiva.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Oda al Mercado Medieval


La primera vez que supe lo que era un Mercado Medieval fue en Dinamarca, en el 2001, estaba todavía estudiando en la Universidad de Aalborg cuando vinieron de visitan los que en el futuro se convertirían en  mis suegros y realizamos un viaje por el interior de la Península de Jutlandia..., grata fue nuestra sorpresa ya que en unos de los pueblos se estaba realizando un mercado medieval al lado de un antiguo palacio. Para mí, una chica sudamericana y fantasiosa fue increíble ver a todas esas personas vestidas como en la época antigua rememorando las grandes películas de Errol Flynn en blanco y negro o míticas como 'Enrique V' de Laurence Olivier. Mi imaginación se transportó a ese período ayudada por los grandes, rubios y ojos azules de los daneses (que enaltecían con sus cuerpos los harapientos trajes medievales). Vaya que sí disfruté como una niña cuando experimenté los juegos antiguos con arco y flecha, la forma que tenían de preparar la cerveza (muy amarga, por ciento) o simplemente revivir cómo transcurrían los días en la Edad Media. Fue una grata sorpresa descubrir este tipo de ferias.
 

Cuando me vive a vivir a España la cosa mejoró ya que vivo en Castilla-La Mancha tierra de don Quijote y de muchos castillos medievales, tal es así que en la localidad de Belmonte y su maravilloso castillo se grabó la película 'El Cid' con la actuación estelar de Charlton Heston. En España los mercados medievales son incluso mejores, quizás por el carácter lúdico que tienen en esta tierra donde siempre hay una buena excusa para "pasarlo bien y beber"; a los tradicionales puestos de oficios donde se puede aprender cómo trabajaban las pieles de los animales, hacían el pan o fabricaban perfumes y jabones, se une la cetrería donde se pueden apreciar aves rapaces entrenadas y por supuesto, las tabernas antiguas para beber y comer a mansalva. Todo esto con música casi siempre celta que invita a la fiesta y cerca de algún castillo. En Albacete, el entorno más bonito para este tipo de mercados está en Chinchilla de Montearagón, una pequeña localidad que cuenta con calles empedradas, vestigios mozárabes y un castillo; aunque en Albacete capital, también hay un pequeño espacio alrededor de la catedral que inspira épocas antiguas.

Pero para mí, lo mejor de los mercados medievales está en mantener y divulgar dos tipos de tradiciones: primero, recordar, rememorar y mantener viva las tradiciones antiguas, aquellas de tiempos lejanos pero que todavía permanecen en la memoria colectiva; me parece una buena forma de rendir homenaje a una parte de la historia de España y Europa. Asimismo, creo que también sirve para mantener la cultura de los feriantes, aquellas personas que por tradición o necesidad son los transhumantes de la cultura popular.
 
 

Es una pena que en países como Perú, Chile o Bolivia no tengamos un "mercado incaico" donde se rescaten las tradiciones antiguas, con respeto y de forma educativa para que los jóvenes de hoy, esos que poco se interesan por sus raíces, aprendan de manera lúdica cuáles son sus orígenes. El Mercado Medieval es un buen ejemplo que deberíamos tomar prestado de los europeos porque serviría no sólo para recordar de dónde venimos, valorarlo y respetarlo, sino también para disfrutar y tener un punto de encuentro, aunque sólo sea lúdico.